En las últimas décadas del siglo XX, y especialmente en el inicio del siglo XXI, estamos viviendo una de las transformaciones más profundas y aceleradas de la historia de la humanidad que está afectando de forma decisiva también a la economía, la política, la sociedad, y por supuesto, al hábitat en el que vivimos. La innovación tecnológica, el desarrollo de las telecomunicaciones e Internet están propiciando la emergencia de un nuevo orden económico internacional que muchos llaman globalización y que se refuerza con la progresiva disolución de las barreras comerciales, la formación de grandes bloques económicos y la expansión de los mercados.

El hábitat de la globalización son las ciudades y los sistemas de ciudades. Hoy día, aproximadamente el 50% de la población mundial es urbana pero en 2025 el 75% de la población mundial vivirá en ciudades. En los próximos 25 años, casi 2.000 millones de personas nacerán o pasarán a vivir en las ciudades, especialmente en las grandes urbes de países en vías de desarrollo. Tendremos entonces más de 500 ciudades que superen el millón de habitantes. Dar una respuesta coherente a los problemas y a las oportunidades de las ciudades del siglo XXI se convierte en un tema central, no solo desde el punto de vista urbanístico y territorial, sino también desde el punto de vista político, económico, social y cultural.